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Abril 2011

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La vida eco

Con un misil en el placard

Puertas adentro, en una casa existen más riesgos de los que uno sospecharía: los residuos peligrosos domiciliarios. Pinturas, limpiadores, plaguicidas, neumáticos, medicamentos y esmalte de uñas son enemigos del medio ambiente, y tirarlos a la basura común afecta aún más el planeta y la salud. Habrá que tener cuidado

"Los residuos peligrosos domiciliarios terminan casi siempre en basurales o rellenos sanitarios, contaminando aguas subterráneas, cursos superficiales y el aire con sustancias tóxicas, como metales pesados y muchos compuestos orgánicos", dice Mirko Moskat, coordinador del área Residuos de Taller Ecologista, ONG que se ocupa de la defensa y preservación del ambiente. Y estos residuos abundan. Por ejemplo, en los productos de mantenimiento (pintura al aceite, removedor, solvente, aguarrás, esmalte, sellador, barniz y adhesivo); en los automotores (lubricantes en general: aceites y grasas, ceras, lustres, líquido de frenos, líquido refrigerante); en los de limpieza y desinfección hogareña (envases de desinfectantes, desengrasantes, limpiadores de horno, lustramuebles, limpiavidrios, destapacañerías); de cosméticos (tintura de pelo, cera depiladora, esmalte, quitaesmalte); medicamentos; productos de jardinería (envases de insecti cidas, pesticidas y herbicidas, preservantes de madera); pilas; aerosoles de gas para encendedores y elementos de fotografía, como el fijador.

Con características como inflamabilidad, explosividad, toxicidad y corrosividad, "si terminan en basurales o rellenos sanitarios, esto es muy riesgoso para la salud pública y el medio ambiente, para los trabajadores de higiene urbana y las personas

que trabajan en la gestión de los residuos. Los más expuestos son los recuperadores urbanos, que separan los residuos en condiciones poco sanitarias y sin protección personal", explica la ingeniera y experta en residuos Marcela De Luca, del Instituto de Ingeniería Sanitaria y Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la UBA.

Para peor, en el país no hay legislación para los residuos sólidos domésticos peligrosos, aunque por suerte sí para los industriales y hospitalarios.

Hasta hoy, no hay programas especiales para esta clase de basura.

En Madrid hay un programa derecolección de basura doméstica peligrosa a través de contenedores móviles que pasan por los barrios cada seis meses. Ahí los vecinos dejan sus residuos, pero antes se hace una campaña informando sobre fechas y lugares donde se ubicarán estos contenedores y qué materiales serán aceptados.

En algunos países de Europa,  el reciclaje es una forma económica y ecológica de manejar desechos domésticos peligrosos. "Como ciudadanos responsables no deberíamos desentendernos de la basura que generamos, porque una acción equivocada puede dañar a otras personas y al ambiente", dice el ingeniero Jorge Brion, coordinador del Grupo de Trabajo de Residuos Especiales de la Asociación para el Estudio de los Residuos Sólidos (ARS).

Al que dude sobre cómo manejar los desechos (manipularlos, almacenarlos, sus riesgos, etcétera), Brion le recomienda consultar a los organismos oficiales encargados de la salud pública y del cuidado ambiental  la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, la Agencia de Protección Ambiental y el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible, por ejemplo.

De Luca habla de la falta que hace una ley para esta clase de residuos. Y hasta que no haya una solución, Moskat aconseja consumir menos de estos productos para evitar generar basura, y reclamar a las empresas

que los fabrican que se hagan responsables por lo que sigue.

"Es necesaria la sanción de  leyes de responsabilidad extendida del productor, en las que deben disminuir su cantidad y eligrosidad. Y esto es urgente para los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (Raee Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos), por su rápido crecimiento", termina.

Julieta Bravo
La Nación de Bs.As.
27.02.11

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Consejos de bolsillo

Reducir y reciclar: usar productos no peligrosos o menos peligrosos. Si se necesita irremediablemente utilizar productos con componentes dañinos, sólo gastar la cantidad necesaria. Lo que sobre puede compartirse con vecinos. Por ejemplo, las sociedades benéficas y las escuelas frecuentemente necesitan pintura.

Comprar sólo la cantidad de pintura o solvente necesaria para un trabajo determinado. Reemplazar limpiadores para el hogar por productos más naturales como vinagre, jabón y bicarbonato.

Evitar el uso de insecticidas, previniendo la aparición de plagas con una buena limpieza. Mejor, no usar aparatos con pilas. O, en todo caso, preferir las recargables. Y plantearse cuán necesario es un control remoto.

No recambiar innecesariamente aparatos electrónicos. Que un teléfono, una computadora  y un televisor puedan llegar activos hasta el último día. Informarse en el municipio sobre cómo manejar residuos peligrosos. Tirarlos de la forma más segura posible, siempre pensando que van a ser manipulados por los recuperadores urbanos. Tener presente que con un sistema diferenciado de residuos peligrosos, almacenamiento, recolección, tratamiento y disposición final se evita la contaminación, se preserva el entorno y potencia la reutilización y el reciclaje. Reclamar ante las empresas que venden esta clase de productos que se hagan responsables por su tratamiento.

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Empleos verdes: un atajo para dos crisis

Crece la tendencia a crear trabajo a partir de las nuevas necesidades ambientales. La gran incógnita es si compensarán los empleos que se pierdan por aquellas actividades que no puedan mantener.

El mercado global de productos y servicios ambientales redondeó el año pasado los 1.370 millones de dólares y habrá crecido al doble hacia 2020. Eficiencia energética, transporte sostenible, suministro de agua, gestión de servicios sanitarios y desechos son algunas de estas actividades que ofrecen trabajo a millones de personas en los países industrializados, nuevas opciones que se conocen como "empleos verdes".

El sector de las energías renovables, por caso, ya ofreció trabajo a 2,3 millones de personas (Renner, Sweeney y Kubit, 2008). Se proyectan inversiones por 630.000 millones de dólares de aquí a 2030, que se traducirían en 20 millones de nuevos empleos. Hasta 2006, sólo el 3,1 por ciento de estas inversiones estaban en América Latina; en China un 7,6 y la Unión Europea más Estados Unidos concentraban casi el 75 por ciento.

Conceptualmente, se prevén a menos cuatro efectos: creación de nuevos empleos; sustitución de trabajos (cambio de combustibles fósiles a renovables; de fabricación de camiones a coches ferroviarios o de incineración a reciclado de residuos); eliminación de empleos; y trabajos existentes (plomeros, electricistas, trabajadores de la metalurgia y de la construcción) que serán transformados de acuerdo a criterios más verdes, (OIT, Hechos y cifras, Unidos contra el Cambio Climático, 2008).

Si es verde y decente, mejor

La crisis de desempleo récord despertó interés por el plan "Green Jobs", un proyecto lanzado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente (Pnuma) en el 2007 para impulsar "empleos verdes" conciliándolos con el objetivo de la OIT de "trabajo decente".

  La iniciativa fue tomada por países desarrollados como España que hoy ocupa a medio millón de personas con los empleos verdes, por ejemplo en la construcción para la eficiencia energética (paneles solares), huertas y hasta transporte verde (buses ecológicos, ferrocarril).

La construcción, el primer sector que se abordó con esta iniciativa de la OIT, es clave al concentrar entre el 25 y el 40 por ciento del uso de la energía en el mundo y entre el 30 y 40 por ciento del total de emisiones contaminantes.

Un ejemplo modesto pero muy rico es la iniciativa sudafricana llamada Kuyasa, en el barrio Khayelitsha, el mayor asentamiento desestructurado de Ciudad del Cabo.

Se aplicaron medidas de ahorro de energía en 2.000 hogares: techos aislantes, calentadores de agua solares, iluminación de bajo consumo. Se crearon 76 puestos de trabajo y los residentes tuvieron una reducción de un 40 por ciento de gasto en electricidad (Revista Trabajo, OIT, diciembre 2010).

En agricultura, 12 millones de personas podrían trabajar en biomasa para la producción de energía y otras industrias relacionadas.

"Una transición hacia la eficiencia energética en las viviendas a nivel mundial podría generar millones de trabajos, al mismo tiempo que hacer más limpios los empleos existentes para muchos de los cerca de 111 millones de trabajadores del sector de la construcción".

Por otro lado, las inversiones en el cuidado directo de las áreas protegidas naturales deben multiplicarse varias veces. "Las inversiones públicas dirigidas al sector forestal podrían crear unos 100 millones de nuevos empleos en todo el mundo" (Nair y Rebecca Rutt, Impacto de la turbulencia económica sobre el sector forestal, documentos de la FAO).

Latinoamérica: todo por hacer

Según un reciente documento de la Comisión Económica para América Latina, Cepal (América Latina en el contexto del debate sobre empleo verde: potenciales para su desarrollo, Cepal, febrero 2011), pese a la gran necesidad que tiene América

Latina de volver más sustentable su economía (la producción exportable padecerá en breve barreras ambientales), el tema está en pañales.

Son excepciones algunas iniciativas impulsadas en México y Brasil. En ambos países funcionan consejos de construcción ecológica que ahora se están creando en la Argentina, Chile, Guatemala y Panamá. También se estudia la producción de biocombustibles, ya que requiere 100 veces más trabajadores por unidad de energía producida que la de energía fósil.

"Empleo verde" no significa "trabajo decente". "Muchos de estos trabajos son sucios y peligrosos, por ejemplo las industrias de reciclado, administración de desechos, energía de biomasa y construcción", advierte el documento de la Cepal. Allí se deja muy en claro que para que exista desarrollo sostenible deben poder sostenerse tanto la base ecológica como la base social de la vida humana.

Anahí Abeledo
iEco-Clarin
06.03.11

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Recuperar el contaminado lago de Ypacaraí costaría US$ 140 millones

Estudios realizado por técnicos de la Agencia de Cooperación Técnica del Japón (Jica, por sus siglas en inglés), dados a conocer en el 2006, indican que uno de las causantes de la eutrofización del lago (crecimiento de algas tóxicas) es el fósforo.

Está probado fehacientemente, local como mundialmente, que los fosfatos (tripolifosfato) procedentes de los detergentes, jabones y lavavajillas, y utilizados en los domicilios son los grandes "contribuyentes" de nutrientes o fertilizantes.

Agrega que los aspectos importantes que se deben tener en cuenta en la elaboración del plan de recuperación es que los nutrientes se caracterizan por acumularse en el ecosistema, agravando su condición cada vez más, y que difieren de los contaminantes orgánicos y bacterias fecales que son susceptibles de descomposición o decaimiento a lo largo del tiempo en el ambiente natural.

Otro punto relevante que debe ser resaltado también es que estos minerales no pueden ser tratados eficientemente por un sistema de tratamiento convencional, siendo necesaria la aplicación de un sistema de solución más avanzado, o sea, tratamiento terciario.

El monto de "inversión" necesaria para la recuperación del hipercontaminado lago Ypacaraí oscila entre 120 millones y 140 millones de dólares, aunque no se sabe si esta solución prevista sea totalmente la apropiada para la eliminación de nutrientes, conforme a la información obtenida por la empresa "Construcciones SRL", que implementó el sistema completo de colecta y tratamiento en uno de los barrios del municipio de Lambaré.

Con relación al costo de operación y mantenimiento del sistema terciario, el estudio agrega que el caso de plantas de tratamiento avanzado implementado en el lago artificial Paranoá de Brasilia (Brasil), puede servir como un buen ejemplo.

A pesar de las advertencias realizadas por la Jica, nada se ha hecho hasta ahora.

Abc 02 y 04.03.11