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Eligio Ayala, el gran héroe civil del Paraguay

El 1º de marzo van a ser trasladados los restos mortales de Eligio Ayala al Panteón de los Héroes. Ese día va a realizarse una reparación histórica, porque era una gran injusticia que un hombre como él no reposara en el mausoleo donde descansan los grandes héroes nacionales.

Para mí, Eligio Ayala es el gran héroe civil del Paraguay, por sus características personales y por su gestión pública, como ministro de Hacienda primero y como presidente de la República después.

Poseedor de una formación académica excepcional, tuvo un doctorado en Derecho en nuestro país, y estudios de casi diez años en Economía, Filosofía y Derecho, en las universidades de Heidelberg en Alemania y de Zurich en Suiza.

En 1919 ante el llamado del entonces presidente Manuel Gondra, regresó a la patria para asumir el Ministerio de Hacienda. Su amplia formación le permitía tener una idea clara de cómo debería funcionar un Estado moderno, y apenas llegado al país se puso a trabajar para poner orden y reformar un Paraguay anárquico y totalmente desorganizado.

Desde el Ministerio de Hacienda llevó adelante una rígida política económica, concebida gracias a su gran conocimiento técnico y aplicada correctamente gracias a su capacidad gerencial, a su fuerte carácter y a su incorruptible honradez.

Esta política comenzó a ordenar las finanzas públicas, pero al mismo tiempo afectó los intereses particulares de caudillos políticos y militares de la época. Muchos historiadores consideran que este malestar fue una de las causas que contribuyeron a la revolución de 1922.

Después de un año de revolución y anarquía, en 1923 le ofrecen a Eligio Ayala la presidencia provisional de la República, él acepta e inicia un proceso de pacificación y de saneamiento de las finanzas públicas del país.

Al año siguiente renuncia a la presidencia provisional y se candidata a la presidencia del país, en elecciones donde no tuvo adversarios electorales, lo cual lo llevó a asumir la Presidencia de la República, el 15 de agosto de 1924.

El primer paso fue la pacificación. En su mensaje al Congreso (1925) dijo: "... sin alardes, hemos restablecido la calma y el orden, hemos abierto sendas legales para que los desterrados puedan reincorporar sus energías a la actividad productora del país, hemos procurado serenar las pasiones airadas y rencorosas, y disminuir el fanatismo y la intolerancia en política, hemos desusado el lenguaje de la exaltación y la injuria permanente...".

El segundo paso fue el ordenamiento administrativo del sector público. Él consideraba que: "... la carencia de coordinación de las reparticiones públicas se debe a la falta de formación y a la falta de conciencia colectiva" y además decía: "... que las dos funciones más importantes del Poder Ejecutivo son las de coordinar y fiscalizar la administración en general...".

El tercer paso fue sanear las finanzas públicas y fomentar el desarrollo. En la parte impositiva, él consideraba que "... los impuestos estaban mal repartidos y que se podían aumentar sin estorbar el progreso económico y desalentar el ahorro...".

Consideraba a las Aduanas como un poderoso instrumento de la política económica, y en este punto obtuvo un importante incremento en los ingresos, gracias a una reducción de aranceles que hizo posible un aumento en la entrada legal de los productos importados.

El resultado de todas estas políticas, permitió que el país tuviera un gran crecimiento económico, que incrementara la producción, las exportaciones y el empleo, y que el Estado mejorara substancialmente su situación económica y financiera.

Pero no todo era color de rosas. Durante toda su presidencia, Eligio Ayala vivió un verdadero calvario.

Por un lado, era un pacifista convencido, porque había visto de cerca los horrores de la Primera Guerra Mundial en Europa, pero por otro lado, con su gran formación, pudo vislumbrar varios años antes, el casi inevitable conflicto armado de Paraguay con Bolivia por las tierras del Chaco.

El drama que le consumía a Ayala era el dilema de si utilizar el dinero recaudado gracias a su honesta y eficiente administración, para financiar el continuo progreso del país o para financiar en secreto el equipamiento de un Ejército, sin ninguna preparación, para una guerra que él consideraba inevitable.

Tuvo que optar por lo segundo, porque su claridad en este punto era total: "O el Paraguay tiene el Chaco o desaparece como Nación".

La mayoría de los políticos de la época, que no vislumbraban las amenazas que se cernían sobre el país y que vivían peleando por sus mezquinos intereses particulares, criticaron despiadadamente a Ayala.

Esta situación de ordenar las finanzas públicas y generar excedentes para financiar, sin préstamos, el fortalecimiento militar del país, fue lo que permitió que el Paraguay pudiera enfrentar con éxito la Guerra del Chaco.

Es cierto que tuvimos el heroísmo de nuestros compatriotas en el campo de batalla y un estratega brillante como el Mariscal Estigarribia. Pero nada de esto hubiera sido posible si el Paraguay, un país desorganizado, anárquico y en quiebra, no hubiera tenido diez años antes del inicio de la guerra a Eligio Ayala como ministro de Hacienda y como presidente de la República.

Él tuvo la visión de un líder, tuvo la capacidad gerencial de ordenar las finanzas públicas, y tuvo el carácter y el temple para organizar el Ejército, a pesar de las críticas despiadadas de sus opositores.

Muchos amigos míos, que están muy influenciados por el reciente best seller de Andrés Oppenheimer, llamado Basta de historias, me dirán que tenemos que mirar al futuro y no al pasado.

Creo que ese libro es muy interesante, pero tenemos que considerar que el autor es un periodista que utiliza frases de efecto que son muy impactantes, pero que nos pueden llevar a conclusiones que son como caricaturas de la realidad, es decir, exagerando ciertos puntos.

Creo que los países que se han desarrollado -Estados Unidos es un ejemplo-, miran el futuro, pero también... miran el pasado, para buscar sus raíces y, para enaltecer a los grandes héroes de su historia. No para quedarse en el recuerdo, sino para emularlos e incluso superarlos.

Eligio Ayala fue un héroe civil y tenemos que exaltar este hecho, porque en el Paraguay estamos llenos de héroes militares que demostraron su heroísmo en la guerra y nosotros... ya no queremos guerra.

Nosotros queremos paz, con desarrollo y con equidad, y para eso necesitamos de muchos héroes civiles y no militares.

Por eso el 1° de marzo, además de todos los sectores políticos, debemos estar en el Panteón de los Héroes todos los miembros del empresariado y de la sociedad civil para honrar la memoria de Eligio Ayala, el gran héroe civil del Paraguay.

Y entre todos, convertir ese día en una fiesta de la civilidad y de la celebración de los valores que hoy necesitamos.

Alberto Acosta Garbarino

Presidente de Desarrollo en Democracia

UH 20.02.11

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Es imperioso recuperar la Bahía de Asunción

 

Los habitantes de Asunción conocen perfectamente cuál es la pésima situación ambiental de la ribera capitalina del río Paraguay y, en especial, de la bahía, el puerto y el banco San Miguel.  

La Bahía de Asunción es la gran cloaca de la ciudad. Allí van a parar las cloacas y desechos domiciliarios, la basura transportada por los raudales pluviales, escombros, restos de animales faenados, podas de árboles y porquerías de cualquier origen y composición. Una observación superficial de su lecho, librado a la vista por la bajante actual, muestra una cantidad y variedad inusitada de objetos extraños allí depositados durante años, de todos los materiales imaginables, la mayoría de ellos, por supuesto, contaminantes.  

Por otra parte, el suelo firme del banco San Miguel está siendo gradualmente ocupado por intrusos desde hace décadas, pese a todas las leyes, los decretos y las ordenanzas que se fueron dictando en su protección y que los gobiernos, nacional y municipal, nunca fueron capaces de hacerlos respetar, sea por ineptitud y negligencia, sea por oportunismo electoralista o prebendarismo simple y puro.  

Lo cierto es que, desde hace al menos ochenta años, se viene repitiendo e insistiendo en que esa zona debe ser recobrada para la ciudad, para uso y goce de todos. Recuperar la sanidad del agua y del suelo, el libre uso público de los terrenos ocupados y el ordenamiento urbanístico de los barrios hoy marginales, donde el hacinamiento produce y multiplica la miseria, la insalubridad, la criminalidad, la desesperanza y la injusticia.  

Finalmente, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones parece haberse decidido a moverse en la dirección correcta, y comenzar los trabajos de recuperación de esa zona tan sensible de la ciudad y significativa para el país todo (allí se inició la formación del Paraguay), en ocasión de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia Nacional. Y con esa orientación comenzaron los trabajos de construcción de una avenida costanera, obra pública recomendada y reclamada desde hace mucho tiempo por todos los expertos y por quienes saben lo que hoy en día cuesta entrar y salir del centro histórico y burocrático capitalino. Se ven máquinas trabajando en el lecho seco de la bahía, lo que podría ser el comienzo de ejecución de obras de recuperación del banco San Miguel, para hacer realidad también otro antiguo proyecto: convertirlo en un parque nacional.

Si todos estos planes son ejecutados correctamente, el más grande beneficio social complementario que producirá será la regularización de los asentamientos marginales del litoral de la bahía. Tendrán que desaparecer los tugurios y formarse los barrios formales, con sus calles, plazas, servicios y edificios públicos, para que sus habitantes -si quieren- recuperen la dignidad y se incorporen a la ciudad como residentes plenos de ella y no más como sus depredadores.  

Hasta aquí, todo muy bien. Pero ¿qué sucede? Aparece una organización no gubernamental denominada "Guyra Paraguay", que nunca se preocupó de la basura, las cloacas de la bahía ni de los hediondos desechos de frigoríficos arrojados a sus playas, denunciando al ministerio gubernamental de "atentar" contra el hábitat de ciertas aves migratorias que visitan periódicamente las lagunas de esa zona para anidar y alimentarse. Acusan también de violarse la ley de protección ambiental y otras disposiciones similares.  

El Mopc responde que cumplió con todos los requisitos previos para llevar adelante el proyecto de avenida costanera, que tiene licencia ambiental de la Seam y el apoyo expreso de la Municipalidad de Asunción, hallándose comprometida la Comisión Nacional del Bicentenario en el pleno apoyo al proyecto, como un modo concreto y tangible de celebrar el acontecimiento histórico que se conmemora este año.  

Si esto es así, la protesta de la Oenege "Guyra Paraguay" no tendría en realidad otro sentido que el de entorpecer y ganar publicidad periodística a costa de protestas desmesuradas. Tal vez así se justifican con sus proveedores de fondos, pero el daño que causan a los proyectos de desarrollo es grande. A veces estas organizaciones dan la impresión de que se crean con el objetivo de obtener dinero del extranjero creando problemas.  

Todo lo que el Gobierno haga por mejorar esta zona tan deteriorada de nuestra capital -la bahía, el banco San Miguel, el puerto, el centro histórico- debe merecer estímulo y cooperación de toda la ciudadanía.

Abc 24.01.11

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Ocasión para el ladrón

Esta debe ser la tierra de las oportunidades para los ladrones, rateros, carteristas, bandidos, atracadores, timadores, cleptómanos, maleantes, cacos, descuidistas, cuatreros, saqueadores, rateros, mangantes y motochorros.  

Siempre se dice que la "ocasión hace al ladrón", frase que cobra mayor vigencia en Asunción y Area Metropolitana, donde hay demasiadas "oportunidades" para los afectos a adueñarse de lo ajeno, sea un objeto valioso o una bagatela.  

Cualquiera roba a quienquiera y en cualquier lugar y hora. Ya no existe discriminación entre horas picos e insociales.  

El Ministerio del Interior y la Policía Nacional, junto con los guardias de las empresas de seguridad, al parecer se cruzan de brazos. O son tan descuidados y negligentes o prefieren ser cómplices. Cuanto menos hacen la vista gorda.

Las imágenes captadas en la mañana del viernes (Ver ABC de ayer, pág. 34) por las cámaras del circuito cerrado de un supermercado de las cercanías del Mercado 4 muestran cómo operan impunemente los ladrones de motos en Asunción.

Los datos que se conocen señalan 3.342 biciclos que se sustrajeron en el 2010. Esto significa que cada día se han robado 9 motos! Es decir, un biciclo cada tres horas.

La víctima del robo es un  prójimo de nombre Julio César Alvarenga, con 26 años, quien se gana el pan con el sudor de la frente trabajando como empleado de una empresa distribuidora de comestibles. Su motocicleta de la marca Kenton GL 150 azul, modelo 2010, todavía no tenía chapa y tal vez apenas haya pagado la primera cuota.

El perjuicio no es el del robo de una moto, sino el de aplastar a un trabajador al que se deja sin posibilidades de ejercer dignamente su trabajo. Ahora tendrá que moverse en los ómnibus chatarra o quizás nadie le quiera dar trabajo de repartidor sin el medio de locomoción.

 "Las imágenes captadas por las cámaras confirman que el delincuente ya estaba parado desde minutos antes en el lugar, fingiendo ser un empleado del comercio. Supuestamente era el encargado del estacionamiento. Pero en realidad estaba escogiendo la moto que iba a robar", dice la crónica. ¿Cómo es posible que otros "cuidadores" no se hayan dado cuenta de que un extraño estaba rondando el lugar? ¿Nadie se percató de que había probado arrancar el biciclo ajeno y luego llamó a otro cómplice? Esto huele mal.

Un miembro de la organización "Socorro", que aglutina a las víctimas de robos de vehículos, contó una aterradora verdad: la Policía Nacional no quiere reconocer las motocicletas como vehículos para evitar incluirlos en la abultada estadística general de robos. De este modo, las cifras asustan menos. 

Es como cuando la dictadura de Alfredo Stroessner disponía que la temperatura no superara los 30 y pico de grados. Jamás llegaba a 40º, ni con el más rabioso sol de enero.

Las motos se roban para cometer otros delitos; robar más, reducir o vender sus piezas y hasta para matar. Pero las estadísticas no deben reflejar esto porque estamos en "un país de maravillas" y esta es la "tierra de las oportunidades"... para los ladrones, no para el trabajador.  

Pedro Gómez Silgueira

Abc 09.01.11

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Oportunidades, no asistencialismo

 

Aquellas naciones que han logrado superar su pobreza, lo han hecho a través del comercio, no a través de la caridad, al crear empleo para sus gentes y un camino, y no dando a mano llena y poniendo elevadores. Este pensamiento de Nicholas Kristof del New York Times en su artículo Ladders for the poor  (Escalas para el pobre) fue escrito en referencia al caso de Haití, el país más pobre de las Américas y eso que está a escasos kilómetros de la costa de La Florida.

Según Kristof, a casi un año del terremoto de Haití (hoy hace ya más de una año), más de un millón de personas aún se encuentran en tiendas en campaña y nada pasa. 

Kristof pone en cambio el ejemplo del reverendo Joseph Philippe quien desarrolló un programa de préstamo y desarrollo para familias pobres en el interior de Haití. El punto se resume en no dar peces al pobre, sino enseñarles a pescar. 

El caso de Philippe puede ser encontrado en muchos países en vías de desarrollo. Generalmente las organizaciones de caridad, oenegés y demás que centran su actividad en recolectar fondos en países ricos y distribuirlos en países pobres incluyendo los gastos de administración, tienen mayor publicidad que casos como el de Philippe. 

En Camboya visité el año pasado una hacienda de seda de un señor Bud Gibbons que ha estado en ese país por décadas, y que trabajó en varias ONGs, hasta que se convenció que lo mejor para desarrollar las comunidades era la de darles trabajo, no cosas. De ahí creó una fábrica de telas de seda y la misma es hoy un centro de atracción turística en la provincia central de Kampong Thom. 

Asistencialismo no conduce a nada. Sólo produce la idea de que el extranjero tiene que mantenerte y eso pasa todo el tiempo en Haití, Camboya, África y en cualquier parte. Lo que la gente necesita es empleo, oportunidades de desarrollar sus talentos, educación para los niños y jóvenes, pero una educación que responda a las necesidades de cada país y no una copia de otros. En ese caso, Kristof resalta la acción de Coca Cola en Haití de establecer sus fábricas de jugo de mango en ese país para crear empleo o varias compañías surcoreanas de establecerse allí como una manera de contribuir al desarrollo de una de las naciones más empobrecidas del mundo. 

Está bien eso de enviar dinero, cosas y alimentos para aliviar las emergencias, pero podrían ser cantidades astronómicas y no sacarían al país de la pobreza, porque esta, la pobreza, se alimenta de la ignorancia y de la falta de oportunidades. Un país tiene que ser competitivo y para que lo sea, tiene que tener gente competitiva.

Reinaldo Albeiro

www.periodistas-es.org/economia-y-finanzas

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