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Lelé
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Mandu'a dedica estas líneas a este arquitecto, no de los más "populares" y tampoco con tantos laureles, pero no por ello menos admirado y tenido en alta estima por colegas y especialistas que consideran, además, es merecedor del "Nobel" de arquitectura, el Premio Pritzker que hasta hoy le es negado tanto como a otro grande, pero de la literatura, Jorge Luis Borges.

No es de los más conocidos en el gran mundo de la arquitectura aunque está a la altura de muchos de ellos -también compatriotas suyos- y con quien trabajó a lo largo de su carrera (fue invitado por Oscar Niemeyer para la construcción de Brasilia).

A quien lo llaman simplemente Lelé y nació como João Filgueiras Lima en Río de Janeiro, el arquitecto argentino Luis J. Grossman lo considera "un caso paradigmático para esta época".

Uno de sus proyectos formó parte del panorama de obras de la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo que se realizara en octubre pasado en Medellín: el Hospital Sara-Río y donde "compartió cartel" con este arquitecto brasileño la obra Casa LA de Solano Benítez+Gabinete de Arquitectura, quien precisamente sentenciara -en ocasión de una entrevista que le hiciera Mandu'a sobre la última distinción recibida en la Bienal Panamericana de Quito- que Lelé es absolutamente merecedor del premio Pritzker de Arquitectura, el mayor galardón en este rubro en el mundo, y que si no le otorgan este reconocimiento, el premio "no tiene sentido y no cumple su función de valorar el trabajo de un profesional". Este "olvido" del Pritzker a Lelé, también lo remarcan otros colegas y especialistas.

El Hospital Sarah-Rio, el último que construyó Joao Lima, está ubicado cerca de la laguna de Jacarepaguá, en una región semi-inundada, es un hospital horizontal en el que jardines y terrazas airean un local repleto de sombras y miradores.

Las cubiertas interiores de policarbonato son basculantes: forman un colchón de aire y actúan como difusor de la luz solar. La zona de convivencia tiene una cubierta arqueada que se abre mecánicamente. Un lago, conectado a la laguna, recupera agua de lluvia y sirve de zona de evaporación para consolidar el control térmico: de allí, el aire frío se evapora y llega hasta unos ventiladores que lo empujan al interior por conductos y rejillas. Las vigas y los pilares metálicos conviven con la argamasa armada. Los puentes se pueden atravesar en silla de ruedas y un auditorio, coronado por una semiesfera, abre en pétalos su óculo para dejar entrar el aire y la luz. Estaría bien que un arquitecto que construye algo así ganara alguna vez el Pritzker, según sostiene la periodista e historiadora del arte Anatxu Zabalbeascoa quien lo estima "un arquitecto ejemplar".

Y esta destreza del arquitecto João Filgueiras Lima hizo decir nada menos que Oscar Niemeyer:  "Hoy en día, el que quiera proyectar un hospital debería pasar tres meses con Lelé".

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Diversas obras ha construido a lo largo de su proficua carrera profesional pero Lelé ha elegido trabajar haciendo edificios abiertos y sinuosos, como en movimiento para quienes apenas pueden moverse. Así nació la Red Sarah de hospitales especializados en terapias para pacientes con politraumatismos entre los que se cuentan los ubicados en Sao Luiz (1) y San Salvador (2).

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Para Grossman "no es común que un arquitecto resulte unánimemente aplaudido por sus colegas y contemporáneos, y es lo que da con Lelé quien encarna un tipo de arquitecto que debería mostrarse como caso modelo. Hay que destacar su intervención en la resolución constructiva. El arquitecto asume las funciones de constructor e inventa un sistema semejante al ferrocemento de Nervi mediante placas de hormigón de muy poco espesor (del orden de tres o cuatro centímetros) que acompañan dócilmente las formas que crea".

Muchas de las obras del repertorio de este creador fueron obtenidas en concursos de proyecto y precio, de tal forma que se amalgaman en ellas varias virtudes que no siempre confluyen en las construcciones actuales: la originalidad y riqueza de los espacios, la factibilidad constructiva de los mismos, y la economía de su concreción.

El desconocimiento público de su obra para muchos resulta curioso y algunos lo atribuyen a su naturaleza tímida y retraída, aunque también puede deberse al hecho que Lelé, que es carioca de nacimiento, concentró su labor a lo largo de muchos años en la región de Salvador, en Bahia.

Un dato esencial es que eliminó el aire acondicionado de los hospitales, reemplazándolo por un sistema de ventilación especialmente diseñado. Esta preocupación, que pasa por razones de sanidad y economía, no hace más que ratificar los rasgos de esta personalidad excepcional, porque la meta de Lelé no se ubica en paisajes utópicos. El aspira, apenas, a demostrar que es posible -en un país pobre- hacer una arquitectura decente, bonita y barata, según Groissman.

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