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Santa Fe ensaya la
Casa carli
Está en construc ción el prototipo de vivienda desarroll ado por el arquitect o César Carli para la provincia litoraleña . Allí
terminar án de afinar esta "máquina de habitar" criolla No basta con llenarse la boca reclamando por el déficit de vivienda. Hay
que tomar el toro por las astas y meterse a fondo con la gravedad, urgencia y complejidad del tema. Quién mejor que César Carli, el entrañable maestro santafesino, autor de
innumerables obras, textos y con más horas vuelo-cátedra, para explorar nuevas y eficientes soluciones habitacionales.
Así lo entendió el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, quien confesó, en el lanzamiento del plan de viviendas Casas del Cambio, haberse deslumbrado con los escritos de Carli ya hace más de 25 años. Y, hoy,
un poco por reconocimiento profesional y otro poco como "un acto de reparación histórica", le encargó al maestro que pensara una propuesta de vivienda prototípica para la provincia. Las primeras casas ya
están en construcción en la capital provincial. Allí, César Carli, sus colaboradores de la Escuela de los Grandes Espejos (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral,
Fadu-UNL), la arquitecta Silvana Codina y los técnicos de la Dirección Provincial de Vivienda y Urbanismo de Santa Fe afinan el motor de esta "máquina de habitar" para distribuirla por toda la provincia.
Entusiasmado, Carli asegura que esta vivienda parte de muchos años de observación y estudio de las formas de vida y las condiciones climáticas de la región.
El planteo se inspira en dos tipos de casas vernáculas: la "casa del gringo", algo así como la casa chorizo y la "culata yobai", una tipología arquitectónica binuclear (separación entre las áreas privadas y sociales)
oriunda de la cuenca del río Paraná, que enfrenta habitaciones y las une a través de un generoso espacio semicubierto (*).
(*) Es la típica arquitectura de la vivienda rural en el Paraguay. El naturalista español Félix de Azara registró este tipo de arquitectura popular, en el siglo XVIII; el arquitecto e historiador uruguayo
Juan Giuria es el primero en rescatar este partido arquitectónico (esquema gráfico que sintetiza la solución de un programa en un terreno dado) en su libro La arquitectura en el Paraguay; el
historiador argentino Ramón Gutiérrez, en su obra sobre la arquitectura del Paraguay reproduce el plano de Félix de Azara en el que se observa que las paredes externas de los cuartos o "culata" son curvas.
De la primera tipología, Carli rescata la polivalencia, es decir la posibilidad
de que un cuarto no esté condenado a un uso específico como sucede en la arquitectura moderna, si no que se pueda adaptar a múltiples funciones. De la segunda, toma la galería pasante, la que genera el llamado Tubo
Venturi. A ver si se entiende: en la provincia de Santa Fe, lo que mata es el calor. ¡Todo por una brisa! La unidad de vivienda El prototipo se arma a partir de una pérgola que atraviesa todo el terreno
por el medio; una serie de módulos tridimensionales que aloja a los ambientes; y otro invento del maestro santafesino ya utilizado en varias de sus obras, la esclusa.
Con estos tres elementos, Carli asegura -asesorado por el matemático Luis Bianculli- que el sistema admite más de diez millones de conformaciones
diferentes. Un logro que aspira a dar respuestas a las variadas posibilidades actuales de conformación familiar. Volvamos a la esclusa. Es el ambiente que produce la articulación de las
partes y es la llave que potencia los usos de la casa: se convierte en una buena galería con ventilación cruzada, cuando sus carpinterías están abiertas; o funciona como estar o comedor diario cuando están cerradas.
"Fíjate -dice Carli, recorriendo la obra- , acá pueden entrar hasta 20 personas cómodas y festejar lo más bien un cumpleaños". El otro elemento que permite gran flexibilidad es la pérgola por donde
corren las instalaciones de electricidad, agua y gas. "Si la familia crece, hacés un cuartito más y lo enchufás a la pérgola. Si se te casa un hijo y no tiene donde ir a vivir, puede construir una habitación en el fondo. |
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Casa de campo de un criollo paraguayo El médico y naturalista suizo J.R.
Rengger estuvo en el Paraguay en tiempos del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y dejó como testimonio de la época el libro "Viaje al Paraguay en los años 1818 a 1826" en donde describe cómo era la
vivienda rural conocida como "culata jovái". Representa la casa de campo de un criollo paraguayo de mediana fortuna, llamada rancho. En la entrada del patio aparece un hombre joven con su
caballo. En su cinturón está metido un cuchillo, los pies están descalzos, el izquierdo provisto de una espuela; los largos calzones están adornados con flecos tejidos. En la mano derecha
sostiene un látigo corto compuesto por correas de cuero trenzadas, en la izquierda, el extremo apretadamente entretejido, de la rienda de cuero, que por lo general también sirve de látigo.
El caballo tiene una montura de madera, que está cubierta con una piel de jaguar. Delante del vallado se ven plantas llamadas aloe (Agave americana), las que, una vez que hayan crecido y se encuentren
cercanamente dispuestas la una de la otra, reemplazarán al cerco. La muchacha que habla con el joven, sostiene en la mano derecha, aunque no es visible, el huso en que devana el
hilo, que saca con la mano izquierda de la madeja de algodón, enrollada en el mismo brazo; lleva un pañuelo en el cinturón y un cigarro encendido en la boca, sus pies también están desnudos.
El patio, espolvoreado con fina arena, se mantiene libre de malezas y cada mañana se nivela con el rastrillo para descubrir lo más pronto posible a las víboras que por él se deslizan, y sus rastros. La vivienda se compone de dos dormitorios, que están separados por un espacio de 15 a 20 pies de largo abierto hacia adelante. Éste, una especie de zaguán, está elevado un pie
sobre el patio y provisto de un piso de tierra apisonada; sirve de sala de estar y está protegido contra el viento sur por medio de una pared que une a los dos dormitorios. En ella está situada una
puerta, abierta en este caso, delante de la cual está suspendida una hamaca. A su lado se ven, colgados de la pared, una guitarra, las bolas, el lazo, varios vasos de cucúrbita (conocida como
porongo) para beber que caben una en la otra. Sobre la central de las tres mesas bajas, junto a la pared, se encuentra un cántaro elaborado con arcilla porosa para agua, que cabe en
un hueco de la mesa. En la mesa de al lado se encuentra el aparato que sirve para tomar el mate, que consiste en un vaso y una bombilla. Junto al dormitorio, a la izquierda del
observador, se encuentra un ara sobre una vara; también está apoyado en él un yugo destinado a dos bueyes. Debajo del cobertizo de ese costado cuelgan una rienda y un recipiente que
sirve para traer agua. El cobertizo aislado situado en el costado derecho está destinado a la cocina; la caldera está sobre el fuego, apoyada en piedras, con una escudilla al lado; por
encima de ésta un cuarto de vaca cuelga de la pared, en la cual están introducidos un cuchillo y una cuchara. Fuera del cobertizo se ven, desde atrás hacia adelante, una cucúrbita, una
maza de madera que sirve para picar carne, un cráneo de vaca, un mortero de piedra y un niño desnudo que está comiendo. El fondo incluye un campo de caña de azúcar. |
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