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Año 44 - N° 516 - Mayo 2026
Editorial
Crecer en altura, pensar en ciudad
En Asunción, la ciudad cambia de escala casi sin pausa. Donde antes predominaba la horizontalidad, hoy emergen torres que reconfiguran el perfil urbano y anuncian una nueva etapa: más densa, más intensa, más visible. Proyectos como la Petra Tower o el conjunto World Trade Center Asunción no solo alteran el skyline; también instalan una idea de progreso asociada a la altura, al vidrio, a la inversión.
Pero en ese ascenso, la pregunta permanece en el suelo: ¿qué ciudad se está construyendo?
El crecimiento inmobiliario avanza con decisión, aunque no siempre con dirección. La verticalización aparece como respuesta a la presión del suelo y a las oportunidades del mercado, pero rara vez como parte de una visión urbana integral. La infraestructura llega tarde, los sistemas colapsan antes de adaptarse y el espacio público queda relegado a los márgenes. La ciudad crece, sí, pero no necesariamente se organiza.
En paralelo, la vivienda cambia de sentido. Deja de ser únicamente refugio para convertirse en activo. Se compra para invertir, se diseña para rentar, se habita —a veces— de forma transitoria. Los departamentos se compactan, se estandarizan, se replican. Y en ese proceso, la arquitectura corre el riesgo de volverse repetición antes que respuesta.
Mientras tanto, la ciudad se fragmenta. Por un lado, enclaves verticales, eficientes y autosuficientes; por otro, periferias que siguen expandiéndose con menor acceso a servicios, transporte e infraestructura. Dos velocidades que conviven, pero no siempre dialogan. Dos formas de habitar que difícilmente se encuentren.
La sostenibilidad, por su parte, aparece más como promesa que como práctica. Se menciona, se comunica, se incorpora parcialmente. Pero aún son pocos los proyectos que la asumen como criterio estructural y no como atributo accesorio. En un territorio donde el clima y los recursos exigen respuestas inteligentes, esta ausencia no es menor.
En este escenario, el rol del Estado se vuelve decisivo. No para frenar el crecimiento, sino para orientarlo. Sin una mirada que articule densidad, movilidad, espacio público y acceso a la vivienda, la ciudad queda librada a una suma de decisiones individuales que, aunque legítimas, no necesariamente construyen un todo coherente.
Asunción está, quizás, en uno de esos momentos silenciosamente determinantes. Crece con rapidez, con inversión, con ambición. Pero el verdadero desafío no está en cuánto crece, sino en cómo lo hace.
Porque al final, la ciudad no es solo lo que se construye, sino lo que logra sostener en el tiempo. Y ahí, más que altura, lo que se necesita es profundidad.
