Edición N° 437 - Septiembre 2019

La arquitectura despide al “padre” de los rascacielos

 
  • Casa en Campo Quijano, provincia de Salta, su primer proyecto.

  • La Torre Bank Boston fue la segunda obra que hizo en la Argentina, ubicada en el barrio Retiro.

  • Su obra emblemática, las Torres Petronas en Kuala Lumpur, Malasia.

  • La Torre YPF, ubicada en el barrio porteño de Puerto Madero, fue inaugurada en el 2008.

  • Edificio República, ubicado en Catalinas Norte sobre la avenida Madero. Se destaca por ser uno de los primeros edificios inteligentes de la Argentina.

  • Museo de Arte Contemporáneo, Osaka, Japón. Otra obra colosal de Pelli.

  • Torre Cajasol en Sevilla, España.

  • Torre Libertad sede del St. Regis Hotels, México.

  • En Reino Unido, el One Canadá Square fue diseñado por Pelli y terminado en 1991.

  • Centro de eventos en Tulsa, Estados Unidos.

  • El Connecticut Science Center, con su fachada vidriada. Se inauguró en el 2009.

  • Edificio Azul del Pacific Design Center, Estados Unidos.

  • Torre Iberdrola en Bilbao, el octavo rascacielos más alto de España.

  • En Hong Kong, China creó Cheung Kong Center, el rascacielos de 62 pisos, construido donde antes estaba el hotel Hilton de la ciudad.

  • En Las Vegas, Estados Unidos, diseñó el Aria Resort & Casino, con 4.000 habitaciones.

  • En Milán, diseñó la Torre Unicredit, el edificio más alto de la ciudad.

  • Gran Torre de Santiago de 300 metros de altura en la capital chilena.

  • Estación Intermodal Salesforce en San Francisco se prolongará por cinco cuadras a lo largo de la Calle Mission de la ciudad.

  • Ampliación del MoMa, Nueva York.

  • Ayuntamiento de San Bernardino, California.

  • “El mundo sería mejor si la fama no existiera. El éxito hace daño, nos hace pensar que somos únicos y especiales. Nadie lo es"

 

César Pelli consideraba a los edificios como sus hijos, cada uno con su esencia pues fueron planeados con un cómo y un porqué diferentes, según señalara en distintas entrevistas concedidas. “Principalmente me fijo en el lugar en el que va el edificio, en sus propósitos, sus funciones, en los anhelos de la gente que me ha buscado para que lo haga”. Realizó un centenar de rascacielos y en distintas partes del mundo, sin descuidar los edificios no tan altos y los realizados “al ras del suelo”

Nacido en la provincia de Tucumán, Argentina, en 1926, era el mayor de tres hermanos, uno de ellos también un reconocido arquitecto (Victor Pelli, dedicado al desarrollo de viviendas populares) y el otro, dedicado a las artes visuales. Emigrado a los Estados Unidos, trabajó junto con su esposa, la fallecida arquitecta paisajista Diana Balmori, en numerosos proyectos y una de sus primeras oportunidades llegó con el encargo de ampliar el edificio del Museum of Modern Art (MoMA). Corría 1977 y Pelli que abrió su propia firma, César Pelli & Asociados, tomó una decisión que determinaría su vida profesional: no correría riesgos, trabajaría con precisión ajustándose a un calendario y, sobre todo, a un presupuesto. Era lo que había aprendido en el estudio DMJM (Daniel, Mann, Johnson y Mendenhall) y fue la razón por la que consiguió firmar la ampliación del MoMA. La modernidad se estaba traduciendo a construcción industrial, más o menos anónima, y la marca del poder tendría más importancia que el nombre del cliente o la mano del arquitecto del que se esperaba, fundamentalmente, la ausencia de problemas. La ampliación fue criticada por poco ambiciosa. Pero la carrera de Pelli y su asociación con la calidad arquitectónica, entendida como eficacia y funcionalidad, estaba lanzada.

Además de haber trabajado durante más de diez años con el arquitecto Eero Saarinem, fue director de diseño de una compañía en Los Ángeles (1964-1968) y luego ingresó como socio en el estudio de arquitectura Gruen Associates. De ese período se recuerdan sus obras como el Ayuntamiento de San Bernardino, en California (1972) y el llamado Edifico Azul (1975) en West Hollywood, destinado al Pacific Design Center.

Ejerció la docencia en las Universidades de Tucumán y de Illinois. En Los Ángeles enseñó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de California y fue nombrado decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Yale, cargo que ocupó hasta 1984 cuando renunció para ocuparse de lleno a su trabajo de arquitecto en su estudio ahora denominado Pelli Clarke Pelli Architects con oficina central en New Haven, Connecticut, donde están desde hace más de 40 años y emplea a 150 personas en todo el mundo.

Desde la muerte de Saarinen, ha sido considerado el continuador de una de las más importantes escuelas arquitectónicas del siglo XX, precisamente la nacida bajo los auspicios iniciales del arquitecto finlandés y que inaugura una corriente renovadora de los ideales del movimiento moderno que a comienzos de siglo tuviera la conducción de figuras destacadas como Le Corbusier, Gropius y Mies van der Rohe.

Es el artífice de las Torres Petronas de Kuala Lumpur (1998), del Museo de Arte Contemporáneo de Osaka y de un sin número de rascacielos, entre otros, las torres Cristal, Sevilla e Iberdrola en España.

En 1984 culminó la sede de Goldman Sachs, el rascacielos más alto de Nueva Jersey. Cuatro años después concluyó el famoso Jardín de invierno (1988) -conocido como Brookfield Place- que formaba parte del World Financial Center y fue dañado durante los ataques del 11 de septiembre.

En ese ajetreado despacho trabajan alrededor de 90 profesionales. Y más que una firma de arquitectura parece un museo: por todas partes hay maquetas de proyectos, réplicas en pequeña escala de edificios fantásticos.

Su esposa, Diana Balmori idearía el paisajismo de ese proyecto y viraría hacia esa disciplina trabajando posteriormente junto a su hijo Rafael en proyectos pioneros a la hora de combinar ahorro energético, densidad y revestimientos vegetales.

Pelli ya nunca cesó de construir: barrios enteros en Londres -Canary Wharf- o el urbanismo de Abandoibarra y rascacielos en Madrid (Torre Cristal), Bilbao (Torre Iberdrola) o la controvertida Torre Sevilla.

Su mayor contribución fue levantar edificios solventes y, en cierto sentido, anónimos.

Así, el legado de César Pelli es triple y de una gran vigencia. Representa una meritocracia que premia el esfuerzo y que hoy quisiéramos como posibilidad de futuro y desvela, finalmente, que la calidad de la arquitectura más internacional con frecuencia está obligada a sacrificar la identidad.

Pelli protagonizó el sueño americano y se responsabilizó de la calidad de los muchos edificios que levantó por el mundo. Es un buen legado, aunque, como diría su hermano Víctor, no el único.

Su impronta: “mi estilo es no tener estilo. Busco que cada obra sea única”.

Se lo conoce principalmente por la construcción de edificios altos. “Sin duda me gusta diseñar edificios bien altos, el tema me apasiona. Cada rascacielos es diferente porque está en un lugar y tiene un cliente diferente. Sin embargo, hemos diseñado muchos teatros, casi 30, y ese es un tema que me encanta. Un teatro es muy diferente que un  rascacielos, por lo que significa, por cómo se organiza. Además, tiene que diseñarse en colaboración con otros especialistas, por ejemplo ingenieros acústicos, ya que son edificios muy complejos.  Los rascacielos, en cambio, son edificios relativamente simples. Requieren que uno sepa mucho de cómo hacerlo, pero una vez que uno lo sabe, son edificios sencillos”.

Para él lo básico es el terreno, el programa a construir, los códigos y requerimientos que van a afectar al edificio, cuál es el presupuesto con el que medirse. “Una vez que comprendo eso, puedo empezar a diseñar. El impacto ambiental  nos interesa muchísimo. Trabajamos para hacer los edificios más sustentables posible. Tenemos muchos edificios, incluyendo rascacielos, que están certificados de Platino, que es lo más alto en la clasificación Leed. Tenemos algunos edificios que creo que serían Platino pero los dueños no quieren pagar por la certificación. Es un proceso caro, aquí cuesta como 50.000 o 80.000 dólares.

Acerca de las Torres Petronas comentó que “tienen un valor histórico importante, fueron las primeras torres con un contenido emocional y artístico construidas fuera de Estados Unidos. Encaró la obra como un homenaje a la cultura islámica, incorporando motivos y símbolos de la misma, por ejemplo, el “rub el hizb” (estrella de ocho puntas que se usa en el Corán para indicar el fin de un capítulo). Se estructuran en hormigón armado de alta resistencia, que reducen las vibraciones y tensiones que producen los fuertes vientos.

Sobre las Torres Gemelas indicó: “Con el tiempo se llegó a la conclusión de que en el colapso intervinieron una combinación de factores imposible de prever. Los aviones destrozaron y quemaron unos cuantos pisos. Ese daño en sí mismo no fue, al final, tan enorme, pero el fuego que generó la combustión de los papeles y los muebles derritió y ablandó las conexiones de la estructura. Y resulta que esta, que era de avanzada y muy inteligente, estaba hecha con elementos delgados. O sea, lo peor que podía pasar una vez ocurrido el atentado. Pero, ya le digo, eso fue absolutamente imprevisible. Inmediatamente consulté qué podría ocurrir si hubiese un ataque similar contra las Torres Petronas (1998) y me contestaron que algunos pisos habrían quedado destruidos y 10 o 20 personas habrían muerto y nada más, porque la estructura es de hormigón, lo mismo que las cajas de las escaleras de emergencia. De modo que en las Gemelas coincidió una estructura súper liviana con un calor abrasador. Siete u ocho años después se entendió el rol que muebles y papeles jugaron en el desenlace”.

Proyectó la embajada de Estados Unidos en Tokio, pero reveló que no le gustaba diseñarlas, decía que “uno siente que está creando un búnker”, a pesar de haberla hecho. En la Argentina, realizó diversos proyectos como el Campus de la Universidad Siglo XXI y distintos edificios en Mar del Plata. En Ciudad de Buenos Aires se distinguen su Edificio República (1996), la Torre Bank Boston (2000) en Catalina Norte y la Torre de YPF (2008) en Puerto Madero.

En Chile, proyectó la Gran Torre Costanera, en Santiago, con una altura de 300 metros. La Iberdrola, en Bilbao, alcanza los 165 metros. En esa misma ciudad realizó la intervención urbana de Abandoibarra. También diseñó el International Financial Center, en Hong Kong, y la Torre Libertad, en México, el Landmark, en Abu Dabi y más de 30 teatros y centros culturales. Entre ellos, el Centro de Eventos en Tulsa (Oklahoma), el Colegio de las Artes en New Haven, el Teatro Hancher de la Universidad de Iowa, en Iowa City, y el Teatro Schuster en Dayton (Ohio).

En 2018 inauguró su más reciente creación, el Salesforce Transit Center, en San Francisco. Se trata de una estación de transporte multimodal que conecta a once sistemas de tránsito urbano, regionales y estatales de Estados Unidos. Pero el edificio, esta vez, no se distingue por su altura, sino por su largo, casi cinco cuadras. Y lo innovador fue el parque en su terraza, un espacio verde destinado a convertirse en la plaza pública del barrio. Allí se incluyen un jardín australiano, un jardín histórico y un prado de roble. También hay anfiteatro, cafés y parque infantil. Otra novedad: revistió los 500 metros del edifico con un muro ondulante de aluminio perforado blanco. Los 3.992 paneles cuentan con un patrón geométrico repetitivo, basado en variaciones del rombo que desarrolló el físico inglés Sir Roger Penrose casi medio siglo antes.

Recibió más de 100 premios por la excelencia de sus diseños entre ellos el Konex en la Argentina como “la figura más importante de las Artes Visuales”. Y es el único arquitecto argentino que tiene en su vitrina el Connecticut State Arts Award, unas de las mayores distinciones para la profesión. El Instituto Americano de Arquitectos (American Institute of Architects, AIA) lo distinguió como uno de los diez arquitectos vivos más influyentes. Y le otorgó la medalla de oro de la institución. Aunque premios como el Pritzker, la medalla de Oro del Riba y el Imperiales del Japón le fueron increíblemente esquivos.

Sus Petronas con el obtenido premio Aga Khan le dieron el último toque a su reconocimiento mundial, pero para el arquitecto tucumano, “el mundo sería mejor si la fama no existiera. El éxito hace daño, nos hace pensar que somos únicos y especiales. Nadie lo es. Hay que saber qué es lo que uno puede y quiere hacer, qué lo hará feliz toda la vida para tomar ahí los riesgos que hacen falta”. Pelli podía recordar y enorgullecerse de sus grandes obras, desplegadas por el mundo, pero también de su primer trabajo: “La casa de mis sueños, una casa muy simpática allí en Campo Quijano, Salta”, para sus suegros. Construida en 1949, hoy va camino a ser declarada de interés provincial.

En febrero de este año, la televisión pública de la Argentina emitió un documental, producido y dirigido por Miguel Rodríguez Arias titulado “Pelli, un joven arquitecto”. Un trabajo de 75 minutos que recorre la vida del célebre arquitecto desde su niñez hasta el presente.

Cuando uno repasa el trabajo de Pelli, se da cuenta de la diversidad de lo que tuvo que hacer, desde la remodelación del MoMa, en Nueva York, y un complejo en Las Vegas hasta la embajada de los Estados Unidos en Tokio. Hay un Pelli auténtico en el centro financiero de Hong Kong, y en Madrid un taxista señala la Torre de Cristal como si se tratara de la Torre de Alcalá o la Plaza de Cibeles. Logró ser un artista, estar en los libros de historia por los cielos que desafió con sus obras.

En una oportunidad explicó lo que para él es un rascacielos: “Para empezar tengo que decir que creo que la palabra rascacielos se usa muy libremente hoy en día. Para mí un rascacielos, y hablo de los orígenes del nombre, significa un edificio que es bastante más alto que los edificios circundantes. Es decir, un edificio que establece un hito en un lugar, como solían ser las torres de las iglesias de los pueblitos en el pasado. Un edificio que marca un lugar en el horizonte. El eje de su nombre es la conexión de la tierra con el cielo. Yo incluso pienso que esto tiene un beneficio muy fuerte porque permite que todas las bondades del cielo se nos venga a nosotros a través de estos ejes verticales”.

Su legado es extenso no solo en altura, pues ha realizado trabajos al “ras del suelo”, como el St. Regis Hotel & Residences (México), Museo de Arte Loeb (Nueva York), Centro de Artes Dramáticas (Charlotte, Estados Unidos), One Canada Square (Londres), Museo Mattatuck de Waterbury (Connecticut), Viviendas de Kukai Gardens (Honolulu), Laboratorios COMSAT ( Maryland), el Centro postal Worldway (Los Ángeles), AriaA Resort & Casino (Las Vegas), Centro Overture para las Artes (Wisconsin), Proyecto Porta Nuova, (Milán), entre otros. Ese legado no podría haberse dado sin la intervención de sus padres a quienes “les debo todo lo que soy”, dijo en una ocasión Cesar Pelli, reconociendo que fueron ellos la génesis de una vida repleta de logros y distinciones.

 

Fuentes
www.plataformaarquitectura.cl
www.unl.edu.ar
www.clarin.com
https://elpais.com
https://elplanetaurbano.com

 

 

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